El robo quedó ahí, y de hecho, no trascendió porque había ocurrido hacía un mes, casi dos, antes de los secuestros, antes del saqueo y el sitio.
Y todo quedó ahí. No era importante: tubos de cobre, madera, hierro, balas (bueno las balas tal vez se vendieron en el mercado de armas), no había más.
Tras los saqueos el ejército disparó al aire con fuego real y empezó las partidas de vigilancia y patrulla por las ciudades más grandes. Detenciones militares, incautación de cualquier cosa sospechosa, y finalmente, era inevitable, heridos de bala en refriegas.
Con esos primeros heridos aparecieron los telediarios. En la televisión pública no, fueron capaces de silenciar la noticia a la espera de ver cómo la manipulaban o distorsionaban. En las otras cadenas, bajo su propia consigna, sí que apareció EL VÍDEO.
EL VÍDEO era un archivo distribuido desde un servidor que iba a otro y a otro, rastro ilocalizable, no se podía seguir. Y mostraba que uniendo cobre, madera y balas el resultado es más que lógico.
EL VÍDEO era una respuesta a esas intervenciones del ejército, y era éste:
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